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IQ vrs. EQ: La importancia de lo que medimos

Tanto el progreso como los problemas que definen la era digital son la conclusión lógica de 100 años dedicados a evaluar el coeficiente intelectual (IQ). Entonces, ¿qué surgiría luego de 100 años dedicados a evaluar la inteligencia emocional (EQ)?

¿Cuántas horas has pasado aprendiendo matemáticas y ciencias durante tu vida? Piensa en el camino recorrido desde el jardín de niños hasta llegar a la escuela secundaria o a la universidad. ¿Cientos, probablemente miles? ¿Incluso decenas de miles? ¿Y cuántas horas has pasado aprendiendo sobre las emociones? ¿Cómo funcionan en nuestros cerebros y cuerpos? ¿Cómo reconocerlos, etiquetarlos y transformarlos dentro de tí y para los demás? Para la mayoría de las personas en el mundo, la respuesta es: Casi ninguna

Si consideramos este hecho, ¿No es sorprendente ver dónde nos encontramos, en esta etapa de la historia actual, cuando estamos viviendo la 4ta. Revolución Industrial? ? Tenemos telefónos inteligentes, microbots que llevan a cabo cirugías de corazón, y automóviles que pueden frenar para evitar accidentes. Pero al mismo tiempo, estamos más solos, más frustrados y más desconectados que nunca. No es que nuestro sistema educativo haya fallado. Ha sido espectacularmente exitoso, al menos en general, para mejorar lo que genera valor, mide y enseña. Veamos el dramático aumento de la inteligencia cognitiva en los últimos 100 años y la revolución digital que ha impulsado y luego consideremos: ¿Qué sucedería si adoptamos un enfoque diferente y más equilibrado para los próximos 100 años? ¿Qué pasaría si invirtiéramos los mismos recursos que se utilizan para la inteligencia cognitiva en incrementar la inteligencia emocional? ¿O incluso destinar solamente un 10% más de lo que tenemos ahora?

El Coeficiente Intelectual (IQ) como la mejor medidad del éxito

El coeficiente intelectual (IQ), la medida más común de inteligencia cognitiva, se ha convertido en el estándar básico en la sociedad occidental para definir qué tan inteligente es una persona y lo exitoso que puede llegar a ser. De alguna manera, se ha convertido en una especie de obsesión cultural. Hemos comenzado a evaluar el coeficiente intelectual a edades cada vez más tempranas, y a producir, literalmente, miles de productos que prometen convertir a tu hijo en el próximo Einstein. Debido a la importancia que le damos, los currículos escolares también han gravitado naturalmente hacia la priorización de estas habilidades. ¿El resultado? El coeficiente intelectual ha aumentado constantemente desde el siglo pasado. Chequea este gráfico:

 

 

 ¿Qué mide una prueba de coeficiente intelectual? Procesamiento verbal, habilidades de razonamiento lógico, resolución de problemas matemáticos y memoria de trabajo, entre muchas otras cosas. Pero incluso los creadores de la prueba reconocieron que tiene muchas limitaciones. En una prueba basada en tareas como ésta, solo se pueden medir tareas que se les proporcionan a las personas para que las realicen ahí mismo, en la sala de pruebas. Eso naturalmente excluye muchos tipos de inteligencia, especialmente aquellas de naturaleza social o emocional. Resolver problemas emocionales es un tipo de inteligencia que usamos literalmente todo el tiempo, pero debido a que ocurre en entornos con variables que cambian constantemente y no se cuenta con respuestas claras y correctas, no es tan fácil medir como la inteligencia cognitiva. Entonces, en su mayor parte, no lo intentamos.

 Pero la realidad, por supuesto, es que la vida es un tanto desordenada. Trancurre en entornos siempre cambiantes. Los humanos somos criaturas sociales, impulsadas por la emoción. Los altos puntajes de IQ no son garantía de éxito. Muchos genios luchan para satisfacer incluso sus necesidades básicas. No es que la inteligencia cognitiva no sea importante, pero está lejos de ser la única, o incluso la mejor, medida de éxito. 

Investigación: EQ y éxito

Daniel Goleman, siendo columnista en The New York Times, se convirtió en la primera persona en popularizar el caso contra el IQ como la última medida de éxito, en su libro más vendido: Emotional Intelligence: Why It Matters More Than IQ.  Él argumenta en su libro, basado en la investigación de Peter Salovey y John Mayer, que el IQ representa solamente el 20% del éxito de una persona durante su vida. Y desde que publicó esa investigación, un creciente número de evidencias ha confirmado su hipótesis. La Inteligencia Emocional (EQ) es dos veces más predictiva del rendimiento que el IQ. Observemos el siguiente gráfico de EQ y éxito en la vida, que proviene de una muestra grande, aleatoria y global de más de 75,000 individuos.

 

¿Qué se puede observar? Los espacios en blanco en las esquinas superior izquierda e inferior derecha. Estos espacios indican que casi no hay personas que obtienen puntajes bajos en EQ y átos en Éxito, o viceversa. Es probable que las personas con alta inteligencia emocional estén bien, sean efectivas en el trabajo, tengan relaciones sólidas, buena salud y una gran calidad de vida. ¿Y las personas con poca inteligencia emocional? Es mucho más probable que sufran, que tengan mala salud y que no estén contentos con sus conexiones sociales.

 Y ¿Qué mide la EQ? La capacidad de identificar las emociones propias y ajenas, y el reconocimiento de los patrones individuales. La habilidad de ver y tomar decisiones, y conectarse con uno mismo y con los demás. Este estudio utilizó SEI  la Evaluación de Inteligencia Six Seconds, una prueba psicométricamente válida que se ha utilizado en más de 150 países.

 Entonces, ¿ significa esto que debemos abandonar los tests de IQ y dejar solamente las pruebas de EQ?

¿IQ o EQ? La pregunta equivocada

Debo ser claro: No estoy diciendo que la inteligencia cognitiva no sea importante. Es importante y ha llevado a avances increíbles para la civilización. Pero obtienes lo que mides, y en este momento sólo nos estamos centrando en la mitad, o menos, de la ecuación. Tomando en cuenta que nuestros problemas más apremiantes en este momento no se deben a las armas que no son lo suficientemente potentes, ni a las computadoras que no son suficientemente inteligentes. Nuestros mayores problemas son emocionales, relacionales. Invertir en un lado no significa abandonar al otro. De hecho, un creciente número de investigadores ha encontrado que el aprendizaje social y emocional permite y mejora el aprendizaje cognitivo. Esto no se trata de elegir una o ninguna. Es reconocer que ambos tipos de inteligencia necesitan trabajar en conjunto.

 Entonces, ¿Qué pasaría si decidiéramos centrarnos un poco más en la EQ en los próximos 100 años, así como en la IQ?

¿Dónde queremos estar en 100 años?

O si eso parece muy lejano, ¿Qué tal en 10, 15 o 20 años? ¿Queremos que más personas informen que se sienten desconectadas, perdidas y solas? La mayoría de nosotros diría que no. Entonces, la siguiente pregunta es: ¿Qué necesitamos valorar, priorizar, medir y enseñar para llegar a donde queremos estar? ¿Qué capacidades internas necesitamos desarrollar y enseñar a la próxima generación, para que tengan un sentido de propósito, pertenencia y esperanza? ¿Serían útiles las habilidades de inteligencia emocional? Según los investigadores, la respuesta es sí. ¿Qué opinas?

Lecturas sugeridas:  

1. Para obtener mayor información sonbre nvestigaciones acerca de la EQ y el éxito, explore el siguiente artículo: https://esp.6seconds.org/eq-exito/

 2. Para implementar la Inteligencia Emocional en las Escuelas, consulte este libro electrónico gratuito:

https://esp.6seconds.org/inteligencia-emocional/el-argumento-de-inteligencia-emoctional-en-escuelas/