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Difícilmente los retos que se presentan a diario nos brindan la distancia objetiva y el tiempo suficiente para responder de forma ideal. Pareciera que esta idea de la innovación funciona mejor cuando es cuidadosamente planeada centímetro a centímetro dentro de un laboratorio y con todo el tiempo del mundo. Sin embargo, la realidad nos muestra una y otra vez su cara totalmente impredecible. Esto hace que la innovación sea pero es realmente valorada en los momentos más apremiantes y de mayor complejidad.

La Otra Cara de la Innovación: 4 Estrategias de EQ para Seguir Innovando

Digamos que estás en una reunión con tu equipo de trabajo, cuando de repente la persona de mayor rango en la sala te interrumpe para hacerte una pregunta muy compleja. Tu mente se queda en blanco y te escuchas decir palabras que pueden que te suenan del todo inteligentes. De hecho, te preguntas en donde quedo toda tu chispa y creatividad. No estás solo, todos hemos pasado por ahí, aunque eso no lo hace más fácil. Entonces, que te agarren desprevenido es estresante, y tener que cambiar inesperadamente de una línea de pensamiento a otra posiblemente te pasará la factura. Respecto a este costo en eficiencia, las investigaciones muestran que alternar bruscamente entre tareas cognitivas incluso las predecibles, disminuye la productividad y te hace más propenso a cometer errores.

No solamente eso. Cuando las situaciones inesperadas surgen como algo habitual, tu estrés se va acumulando en el día a día y tu capacidad para innovar disminuye cada vez más. Toda tu energía se enfoca en no quedar mal delante de tu equipo, realmente no en lo mucho que puedes contribuir con tus talentos.

Por lo tanto, antes de que tu oportunidad de innovar se vaya por la borda, recuerda estas cuatro estrategias para reducir tu percepción de la incertidumbre y crear un espacio para que tu pensamiento innovador salga a la luz: 

 

 

1. Practica la escucha activa. Las preguntas disparan un reflejo mental conocido como “elaboración instintiva“. Cuando te hacen una pregunta, este reflejo toma el control del proceso de pensamiento de nuestro cerebro. Pero cuando tu cerebro se aferra a la respuesta a una pregunta, ya no puede contemplar nada más. Es como un circulo vicioso, mientras más te empeñas en pensar algo brillante más te estresas y esa tensión extrema inhibe tu pensamiento creativo y tu innovación.

2. Tómate 10 segundos para recopilar tus ideas y procesar. Esta pequeña pausa es normalmente imperceptible, pero te concede una ventaja poderosa. Te va a parecer eterna, pues la persona promedio puede hablar 150 palabras por minuto, pero piensa a una velocidad 4 veces más veloz . ¿La buena noticia? Por lo general, esta eternidad no la perciben los demás, a no ser que sea extrema.

3. Apaláncate en tu conciencia emocional . Conocerte a ti mismo te entrena no solamente para identificar tus reacciones típicas ante lo inesperado; sino que además te va a permitir usar tus fortalezas emocionales para navegar el malestar de no sentirte preparado (Hey, ¡nos pasa a todos!), o cuando simplemente no se te ocurre nada de nada.

La innovación no es solo un proceso cognitivo, es también emocional porque innovar conlleva tener el coraje de hacer algo nuevo; sin embargo para ellos tenemos que ser capaces de derribar aquellos muros de protección con los que resguardamos celosamente nuestra autoimagen y nuestro ego. (Forbes, 2017)

4. Despierta tu curiosidad y cambia la dinámica. Si estás practicando escucha activa (punto 1) y aún así no se te ocurre nada, lo más posible es que necesites más datos para articular una idea.

Quizás debido a la presión por responder solo puedes enfocarte en la impaciencia o la urgencia (y otros datos emocionales) de quien te hace la pregunta; pero si tú haces preguntas en retorno vas a generar una dinámica diferente.

¡Pero no cualquier tipo de pregunta por favor!

Una investigación de Harvard sugiere que debemos hacer el tipo de preguntas donde la persona tenga que dar una opinión, no sólo información. En el estudio, los científicos usaron la resonancia magnética funcional (MRI); y descubrieron que las preguntas que requieren elaboración incrementaban la actividad neuronal de las áreas del cerebro asociadas con la recompensa y el placer – es decir aumentan la dopamina… y que mejor bioquímico para generar motivación y seguir explorando ideas que la dopamina!

¿ Listo para seguir innovando en todo terreno, a pesar de la complejidad y la presión? Nos gustaría saber cómo te fue con estas sugerencias, así que por favor déjanos un comentario en el espacio que sigue.

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